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Reflexiones en el Gym

No sabía cómo titular este post, ja. Hasta ahorita, que se me ocurrió … Reflexiones en el Gym! Y es que eso es lo que les voy a compartir, una reflexión mientras hacía ejercicio hace ya varios días. Lo pensé hace ya algunos días, pero el pensamiento ha sido recurrente. Y cada que terminaba mi rutina, pensaba que debía escribirlo, pero se me había pasado. Espero que pueda expresar exactamente lo que quiero, aunque no esté justo en el momento del ejercicio.

Pues resulta, que me metí a clases de spinning. Después de NO hacer nada de ejercicio durante casi toda la carrera de chef, me urgía poner mi cuerpo en acción nuevamente. Y pues ahí voy, a la bici, que me encanta. Pero ya se imaginarán que al principio la condición no era la mejor. Ahorita, tampoco, ja! Todavía me cuesta ponerle toda la resistencia que las demás, pero ahí voy mejorando. Lo importante era moverme!

Lo que les quería platicar es que viví en carne propia lo que se dice de que cómo padres hay que hacer sentir seguros a nuestros hijos. Ahí va de nuez … Dar seguridad a nuestros hijos a través de la anticipación. ¿Me explico, más o menos? Siento que estoy cantinfleando. Mejor les cuento lo que me pasó mientras tomaba la clase.

La cosa es que de pronto, Tere, mi instructora, se emociona y nos pide pararnos en la bici, con una resistencia más o menos considerable. Entonces, cuando han pasado como 2 o 3 minutos así, sólo pienso una cosa: “¿A qué hora nos va a decir que nos sentemos y que le bajemos a la resistencia?” Entonces, sólo puedo pensar eso, y veo que el reloj corre súper lento, y empiezo a sentir algo de ansiedad y siento que ya no voy a poder y lo único que quiero es sentarme. Pero algo dentro de mi me dice que aguante un poquito más, que luego me van a aplicar lo de la ley de Murphy, ja. Que justo cuando me siente porque “ya no pude más”, todas se van a sentar, sintiéndose satisfechas de haberlo logrado. Y vaya que ya me ha pasado. A ustedes, ¿les ha pasado? ¿se han sentido así?

Eso es una experiencia, pero la reflexión vino en otro momento. Otras veces, Tere nos dice: “El siguiente tramo va a estar pesado, es pura subidita, resistencia 9. Un minuto así, y otro minuto sentadas, y le bajan a 7. Y van a ser tantos minutos.” Palabras más, palabras menos, jaja. Y cuando nos dice así, la sensación cambia por completo. Yo sé que lo pesado durará un minuto, o cuatro, o diez. Pero SÉ. Así que veo el reloj, sigue avanzando lento, porque no traigo buena condición, pero tengo la certeza de que el dolor termina en un minuto. Y hago mi mejor esfuerzo hasta terminar. O cuando estamos paradas y nos dice: “ánimo, sólo faltan 30 segundos!” Ufff! Qué alivio escucharlo, ¿no?

Pues pienso que algo así le pasa a los niños pequeños. Cuando mi hija mayor tenía como 2 años aprendí que para ellos es muy importante SABER lo que va a pasar. Si tu a un niño de pronto le dices que ya se van de la fiesta, su reacción va a ser muy diferente a que si le avisas antes de que te lo lleves, que ya faltan 5 minutos para que se vayan. Cuando pasan los 5 minutos, quizá más o un poco menos, te levantas y le dices que ya pasó el tiempo, seguro ya va a estar preparado para irse. Bueno, no la primera vez. Tal vez te tome dos o tres veces. Pero si eres constante, y cada vez que se vayan a ir de algún lugar le avisas antes, seguro va a aprender que hablas en serio y las siguientes veces no vas a batallar tanto. Claro! Puede haber recaídas. Sobre todo si está jugando a algo súper divertido o disfrutando mucho, pero es normal, no desistas. Y trata de no perder la cordura, aunque sé que a veces es difícil.

Lo mismo para con la hora de dormir, o del baño. Por eso es que son tan importantes las rutinas. Así, los niños pueden saber que si ya se cepillaron los dientes y leyeron un cuento juntos, seguro sigue irse a dormir. En cambio, si no hay estructuras, es difícil que estén adivinando qué sigue.

Por supuesto que todo esto requiere de esfuerzo. Sobre todo con el tercer hijo. Díganmelo a mí, jeje. Que el pobre se tiene que acostumbrar a los horarios de otras 4 personas. Yo creo que por eso es que me ha costado mucho trabajo hacerle rutinas a él. Pero sé que sí se puede. Y ya que estoy reflexionándolo, creo que es buen momento de retomar esto que hacía perfecto cuando mis hijos grandes estaban más pequeños. No me ha ido taaaan mal, pero sé que hay cosas en las que puedo mejorar ;). Les iré contando a ver qué tal me va.

Por lo pronto … Good Night!

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