¿Cómo enseñamos a un niño a amar una acelga, un brócoli o un ejote?

cosecha zanahorias

Recientemente en un documental sobre bebés, aprendí que cuando nacemos, nuestro instinto de supervivencia nos hace rechazar las verduras. Es algo que está programado en nuestros cerebros para que no vayamos a envenenarnos. Al nacer tenemos muchas más papilas gustativas que detectan los sabores amargos asociados con cosas venenosas en la naturaleza. Y lo dulce está relacionado con un mayor consumo de calorías necesarias para tener energía.

Así que de ahí la razón principal por la que tenemos que luchar contra los dulces y abogar por las verduras en edades tempranas de nuestros hijos. Al contrario de lo que pudiéramos pensar, decisiones muy inteligentes por parte de los pequeños … si viviéramos en la prehistoria! En la actualidad, ya sabemos que estos conocimientos se han utilizado a favor de la industria para vender cualquier cantidad de “alimentos”. Ya ni tenemos problemas con que los niños se tomen las medicinas! Al contrario, ahora hay niños que dicen que les duele la garganta con tal de que le des una cucharada de motrin! (mi hijo menos :s)

Entonces …¿cómo hacemos para que los niños entiendan que el brócoli es bueno para ellos? ¡Que no los va a envenenar! ¿Cómo hacemos para abrir su boca y que lo prueben y comprueben que lo que decimos es verdad?

Podemos obligarlos o chantagearlos. Puede funcionar. Pero seguro, cuando queramos que vuelvan a probar, nos va a costar. Los niños son muy astutos y si empezamos por dar algo a cambio de que prueben un pedazo de brócoli, quizá terminemos “pagando” un precio cada vez más alto. Y ¿habremos logrado nuestro objetivo? … Que entiendan que el brócoli es bueno para ellos y que lo elijan cada vez que puedan. Creo que no.

En una historia de amor, lo que nos pueda contar alguien más sobre sus experiencias con el brócoli en cuestión no servirá de mucho. Por más que nos hablen de sus grandes virtudes y de los beneficios de “tratarlo”, nada ocurre realmente hasta que nos involucramos personalmente con él. Hasta que lo conocemos y descubrimos algo que nos enamore. A cada persona le gustan diferentes cosas. Quizá alguien adore ese intenso color verde, pero quizá a alguien más le atraiga su sabor cocinado al vapor con un poco de mantequilla. A otra persona le puede conmover haberlo “creado”, haberlo visto desde su nacimiento y cuidarlo hasta su madurez. Algo que podría ayudar también, es ver a la persona interesada en que nos comamos dicho vegetal, esté enamorada también.

¿Qué pasaría si ayudamos a los niños a ser los “creadores” de ese brócoli, de algunos ejotes o un betabel? ¿qué pasaría si acuden durante 3 meses a cuidar una pequeña semilla que de pronto se convierte en una linda planta? ¿Qué, si durante el proceso descubren que han salido hermosas flores que después se convierten en una vaina? Y en el proceso, alguien les platica que esa vaina se puede cocinar y después comer. Y además, vieron que había mariposas a las que les gustaba comer de la flor de donde salió el ejote. Puede ser que descubrieran fascinantes cochinillas y caracoles viviendo entre sus plantas.

Y de pronto, llega un día muy importante. Y saben que es importante, porque los adultos que los acompañan en el proceso se reúnen y les hacen pensar que lo es. Hacen de ese día algo especial. Llevan canastas, los dejan usar tijeras en la huerta, el tiempo de esta actividad se extiende ese día más de lo normal, se hace una gran fiesta y a los niños les encanta. Llegó el día de la cosecha!

Los más pequeños estarán muy sorprendidos porque no saben qué esperar de ese día. Pero por la alegría que se contagia en el ambiente, parece que es algo que van a disfrutar. Los que ya lo han vivido, ya tienen experiencia y saben con seguridad lo que va a pasar.

Se cosechan los frutos de su esfuerzo y dedicación. Lo que han platicado al salir al patio todo el tiempo antes, ahora se convierte en realidad, en algo tangible. Previamente, se les preguntó lo que les gustaría cocinar con su cosecha. Se lo llevan de tarea para investigar qué se puede preparar con zanahorias, betabeles, acelgas o chayotes. Vienen a la siguiente clase y proponen sus recetas. Las maestras las exponen todas y se hace una votación. Hay que ponerse de acuerdo para elegir una o dos recetas entre todos.

¿Se dan cuenta de todas las habilidades y valores que están aprendiendo en el proceso? Observación, paciencia, investigación, democracia, autocontrol, respeto por las ideas de los demás, respeto por la naturaleza, responsabilidad, trabajo en equipo … Hasta los adultos recuperamos un poco nuestra capacidad de asombro. Y cuando se cocina lo cosechado se da oportunidad a los niños de probar nuevos alimentos, alimentos que les costaron producir, de los que tuvieron alrededor de 3 meses para aprender y enamorarse de ellos. Y ¿qué creen? todos prueban! TODOS! Hasta los que dijeron que “su mamá no les da permiso de comer eso”, (historia de la vida real), jaja.

Eso ocurre cuando un niño siembra y cosecha sus vegetales. Y he sido testigo desde hace un buen rato. Cada temporada una nueva oportunidad para amar algunos vegetales. Cada año, nuevas experiencias que salen de una misma actividad … sembrar para cosechar.

 

4 comentarios en “¿Cómo enseñamos a un niño a amar una acelga, un brócoli o un ejote?

  1. Aurora Gama dijo:

    Ana…. Simplemente hermoso… Y de la manera que lo pláticas ya quiero empezar con la huerta en el salón de Mara… Para aprender y disfrutar juntas 😉

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