Un Día en un Taller de Rosca de Reyes

Hola!

Un poco pasada de noticias, jeje, pero les tenía que contar cómo nos fue haciendo roscas de reyes en el taller.

Ya saben que me encanta cocinar, verdaaad?. Y hacer pan! Uyyyy! … Ni se diga. Y si además, hago pan con muy buena compañía, qué mejor!

Debo confesar que para este curso estaba un poco nerviosa, porque no lo había dado antes y no tenía bien medidos los tiempos para hacer 6 roscas a la vez. Y dicen que cuando cocinas, tus emociones influyen de manera directa en lo que estás preparando. Si no, pregúntenle a Tita, de “Como Agua para Chocolate”. Ufff! Librazo! Muy recomendable! … Ok, ok. Volviendo a lo de las emociones al cocinar. Ustedes podrán pensar que es puro cuento y que eso no es cierto. Pero créanme que después de tantos cursos de los que he sido testigo, he comprobado que no anda tan errada esa teoría.

Específicamente en el taller de Rosca de Reyes me pasó algo raro cuando había que dar la forma al pan. Teníamos que estirar la masa como un metro para que pudiera hacerse un óvalo de buen tamaño. Ya les dije que estaba nerviosa y la masa lo sabía, jeje. Pues cuando agarré una de las masas de mis compañeros para dar el ejemplo, ¿qué creen? La masa no se estiraba como yo quería. Creo que nadie notó el nervio, porque nadie se contagio. Acto seguido, le dejo la masa a la dueña para que termine lo que yo empecé. Para cuando volteé, me creerán que ya la tenía súper bien extendida! Y se notaba claramente que lo estaba disfrutando. Así, todos fueron extendiendo sus masas perfectamente.

Al final, todas las roscas quedaron hermosísimas. Hasta un experimento tuvimos. Mayra, una de las asistentes se aventuró a darle una forma diferente a su rosca y le quedó padrísima! La dividió en dos y empezó a enrollar las dos partes, como si la trenzara, que porque así lo había visto en Master Chef, jeje. Eso sí, cada quien imprimió su sello personal al decorar sus panes. Que si con más dulce de azúcar, más o menos ate y hasta con nuez salieron algunas. Y es que es lo mágico de meternos en la cocina y CREAR nuestros alimentos, podemos poner nuestra marca personal y hacerlos tan nuestros como queramos.

Sin dudas, cada vez que hay taller, lo que más disfruto es ver cómo se divierten en el proceso. Y no se diga cuando me platican lo que pasa cuando llegan a sus casas y comparten lo que prepararon. Y cuando me mandan fotos de sus nuevas creaciones inspiradas en lo que aprendieron en el taller. Uffff! No puedo estar más agradecida por mi trabajo.

Muchísimas GRACIAS a todas y todos lo que alguna vez han compartido conmigo la cocina. De verdad, hacen muy especial lo que hago. Y FELICIDADES por atreverse a aprender algo nuevo. Espero que volvamos a coincidir de nuevo cocinando ;).

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