Desde MI Jardín, Estilo de Vida, front, Uncategorized
Comments 4

14 (de los muchos) Beneficios de Tener un Huerto en Casa

Después de algunos años de tener un huerto en casa y de ayudar en algunos huertos escolares, quizá no haya cosechado toneladas de hortalizas y es muy probable que aún no haya logrado obtener la ensalada completa de mis cajones de siembra. Corrección. Creo que este año si lo logré! Si preparamos una ensalada sencilla con lechugas, espinacas, cilantro, zanahorias, betabeles y tomates. Todo eso y un poco más salió de mi jardín! Yeiiiii! Okey, la ensalada completa si. Aunque siempre he soñado con no tener que ir a comprar nada al súper y ser autosuficiente en la agricultura, jeje.

Lo que si ha salido en grandes cantidades y para todo el año son aprendizajes, experiencias y mucha alegría. El simple hecho de ir a regar el jardín con los niños es algo que me llena de felicidad. Cualquier descubrimiento que ellos hacen y la emoción que le ponen a todo y que nos comparten a los adultos es increíble. Y ya contagiada de su fácil capacidad de asombro, pues yo también descubro cosas y cualquier catarina o pequeño brote en el jardín me pueden hacer sonreír, así, sin más. Como cuando logré reproducir un jazmín muy especial … Uffff! Luego les cuento esa, jeje.

Por lo pronto, aquí les cuento algunos aprendizajes, beneficios y buenos momentos que creo que nos puede traer el hecho de tener una huerta por pequeña que esta sea. Y con pequeña me refiero a una maceta con una lechuga o llena de rábanos. Y de ahí, le podemos ir agregando lo que queramos :).

  1. Aprendemos de dónde viene lo que comemos. Importantísimo! Muchos niños piensan que los tomates los inventó HEB (no es broma). Te imaginas lo que pasa cuando descubres que tu mismo tienes el poder de producir un tomate en tu patio. Te empodera de tal forma! Bueno, yo así me siento cada que tengo éxito con alguna cosecha … imparable, invencible!
  2. Respeto por la Naturaleza. Definitivamente se crea un ambiente en el que se respira una mayor conciencia de la maravilla de la naturaleza. Aprendemos a no arrancar hojas de las plantas sólo porque sí. Aprendemos a apreciar el trabajo de las lombrices y sus características especiales. Y es que ya que uno las descubre y sabe de lo que son capaces, sin mencionar el hecho de que tienen 5 corazones. Ufff! Cuando al principio uno no se atreve ni a mirarlas, terminamos queriéndolas y apreciándolas de verdad. Y bueno, ejemplos como ese, uffff!
  3. –Se aprende el valor de la paciencia. Este valor tan olvidado, menospreciado y devaluado últimamente. En la huerta no hay opción … te esperas o te esperas. Nada de andar apurando o chantajeando a la semilla para que germine. Y eso de al instante y a cualquier precio, aquí no tiene cabida.
  4. Tolerancia a la Frustración. También, algo muy difícil de encontrar en las generaciones más jóvenes que casi no enfrentan problemas, restricciones o carencias porque los adultos nos hemos empeñado en que nuestros niños “no sufran lo que nosotros sufrimos (por no tener la máquina de helados de todas las cartitas a Santa“. Y ahora que soy madre, entiendo un poco el porqué no podía tener cuanta cosa se me antojaba (aunque en mi caso creo que si exageraban, jaja). En el huerto, nos enfrentamos a situaciones en las que no nos queda más remedio que aguantarnos y volver a empezar. Ya casi cosechábamos y el conejo se comió las fresas con todo y la planta (aún no lo supero), pues ni modo … A conseguir otras fresas y volver a empezar. Y así aprendemos a que las cosas no siempre salen como esperábamos, pero lo más importante … Aprendemos a que tenemos que sacudirnos de la caída y levantarnos de nuevo.
  5. –Personas más sensibles a las necesidades del campo. Cuando sabes lo que cuesta cosechar lo que sea, puedes entender que la situación en el campo puede ser bastante difícil y aprendes a respetar y a admirar a las personas que se dedican a esto.
  6. –Desarrollo de habilidades motoras. Ir a regar con una regadera llena de agua para un niño de 4 años no supone una tarea fácil. Ah! Y sin mojarse los zapatos. Se requiere de mucha coordinación para poder llenar la regadera y llevarla al huerto. Además, hacer que esa agua llegue a donde tiene que llegar. Y qué tal cuando tenemos que desherbar. No solo se trabaja el motor grueso, sino que el fino también se hace presente cuando tenemos que poner los dedos en pinza y arrancar la mala hierba.
  7. –Se aprenden ciencias naturales practicando. Es invaluable el conocimiento adquirido por medio de experiencias reales. Es muy diferente hablar sobre la fotosíntesis delante de un pizarrón o computadora. Pero si podemos tocar la hoja en la que se está produciendo, seguro que la información se quedará guardada en algún lugar más especial del cerebro.
  8. –Aprendemos a probar todos los vegetales. Al menos lo que se dan en la huerta :). De verdad, no saben lo que para mi significó que mi hija mayor (ahora 12 años), cuando tenía 3 años no podía ni siquiera ver algo verde en la sopa porque no se la comía. Ya se imaginarán mi cara de asombro cuando aseguró que esa calabaza era lo mejor que había comido en su vida. Claro, ella la cosecho y participó para cocinarla! En serio? Esa era la solución? Pues ya no pude dejar de hacerlo y hasta ahorita ha resultado con los tres de mis hijos.
  9. –Ver nacer una planta que da frutos de una semilla tan pequeña es increíble. Es de esas cosas que parecen inexplicables, imposibles. Pero que cuando eres testigo se vuelve una señal de que todo puede ser posible. Eres partícipe de la perfección de la creación.
  10. –Se aprende a planear, ejecutar el plan de acción y a luchar para obtener resultados.
  11. –Se fomenta el interés por la investigación. Lo que aprendemos motivados por nuestra propia curiosidad es algo que se va a quedar grabado para toda la vida. A diferencia de lo que por obligación tenemos que aprender o investigar. Cuando quieres de verdad descubrir cómo deshacerte del pulgón de una vez por todas, investigas, lo pones en práctica, te equivocas, vuelves a investigar, otra prueba, parece que resultó! VIVES el proceso científico en carne y hueso. No habrá mejor forma de aprenderlo.
  12. Y como dice una frase famosa por ahí … “Es terapia gratis y de pasada, obtienes zanahorias.”
  13. Une a la familia. Las actividades en el huerto las pueden realizar desde los más pequeños, hasta los más grandes. Siempre habrá algo interesante que hacer juntos en este espacio que además nos puede llenar de tranquilidad. Deja que los más chicos se mojen de vez en cuando, que se llenen de tierra si quieren. Ya habrá momentos para andar limpio (casi todos).
  14. Construyes recuerdos. Hace unos días platicando con mi hija (adolescente), recordábamos cuando estaba en el kínder y su plato favorito era la calabaza con elotes. Las calabazas las probó por primera vez porque ella las cosecho. Quien sabe qué comerían mis hijos si no sembraran :).

Gracias por leer :). Espero que se animen pronto a sembrar algo en sus casas!

Dedicado especialmente para el #clubdesembradores. Muchas gracias por iniciar juntos esta aventura!

**La foto de la zanahoria es de un día de cosecha de este año. Estoy muy feliz y me siento muy bendecida por todos los frutos de mi huerto de esta temporada. 

 

4 Comments

  1. Patricia Ruiz says

    Tienes razón en todos los puntos planteados, yo como adulto, estoy viviendo la experiencia al máximo, y no dejo de asombrarme. Todas las mañanas me levanto y lo primero que hago es ir a ver mis plantitas como van. Es crear vida, nuevamente. Con las satisfacciones que conlleva .

    • Vas súper bien con tus plantitas Paty! Ya verás que bonito todo el proceso. Apenas vamos empezando :). Te mando muchos saludos y un fuerte abrazo. Las mejores vibras para las futuras hortalizas ;).

  2. olyvl@hotmail.com says

    No me canso de repetirlo, eres inspiración pura, no estoy en el club de sembradores, pero desde que te “conozco” quiero iniciar con mi huerto, y sé que llegará ese día. A qué edad comenzaste e involucrar a tus hijos, sobre todo al más pequeño? tengo uno de año y medio, y en parte he postergado ese sueño justo por el bebé, por un lado falta de tiempo, quisiera días de 48 hrs, jejejeje y por otro esperando que crezca un poco más para comenzar juntos. Que todo siga fluyendo para ti y tu #clubdesembradores de la mejor manera. Saludos cariñosos.

    • Hola Oly! Con mi primera hija empecé tarde, como a los 3, jeje. Pero con los otros dos, desde bebés. Siempre los tenía conmigo en el huerto y hasta gateando ya andaban jugando ahí con la tierra y ayudándome a transplantar y cosechar, según ellos, jeje. Es una actividad más del día a día, salir a regar, ver las plantitas. Ya que el huerto se vuelve parte de la familia, no cuesta demasiado trabajo :).

Deja un comentario